AKIXÍ por Carlos Crece (www.elclubdejazz.com)

MARTES, DICIEMBRE 01, 2009

Jordi Gaspar – “Akixí”

Imaginemos la escena. Jordi Gaspar, una vez grabado Akixí, busca quien se lo publique. Hasta aquí la realidad cotidiana de quienes graban y buscan pero no son buscados (una inmensa mayoría). Contacta con varios productores discográficos y uno de ellos le espeta algo así como que su música le encanta y que la escucha en el coche, en el trabajo (quién sabe en qué sitios inconfesables más) pero… claro, tenía que haber un pero… que lo suyo no era ni Jazz, ni pop ni Flamenco. ¿Qué será entonces?, imagino que se interrogaría ansioso Gaspar. Redoble de caja: “Es música de autor”. ¡Demonios! ¡¡Qué ojo!! ¡¡¡Qué oído!!! Hasta ahora sabía que existía la música anónima (muchas veces porque el autor se desconoce, no porque no quisiera que lo conocieran), lo que no sabía es que la “música de autor” fuese un género. Como si no tuviéramos ya bastantes etiquetas. ¿Acaso Round´ Midnight o Stella by starlight no tienen autor? ¡Cómo malgastamos la lengua! ¿No era mejor haber dicho desde un inicio que aunque me encante tu disco considero que no voy a vender ni uno porque aunque yo soy capaz de apreciar tu arte vivimos en una sociedad que no es consciente de tu talento porque le preocupan otras cosas como… pero yo sí, yo sí que te entiendo? Después de la divagación sobre estilos el productor concluye: “No me encaja en ninguna de las líneas de venta”. Así que acogiéndose al dicho español del “yo me lo guiso, yo me lo como” Jordi Gaspar creó su propio sello: Juan Palomo Records.

¿Qué escuchó el productor para llegar a semejante conclusión? Vayamos por partes. Si tu concepción del Jazz incluye necesariamente la percepción de un sentido rítmico del swing éste no es tu disco de Jazz. Si tu concepción del pop incluye letras sobre cómo lloraste al ver partir a tu amor acompañadas de cuatro acordes básicos éste no es tu disco de pop. Si tu concepción del Flamenco incluye quejíos y olés es bastante probable que tampoco éste sea tu disco de Flamenco. ¿Qué es entonces? Obvio, música de autor, la música que Jordi Gaspar , un bajista que se ha formado en entornos jazzísticos, que ha colaborado con profesionales del Jazz (Perico Sambeat, Lluis Vidal o Iñaki Salvador), del Folk (María del Mar Bonet o Joan Manuel Serrat) o del Flamenco/Copla (Martirio o Miguel Poveda), ha sentido como propia en este momento. Jordi Gaspar se detenido a pensar (ejercicio de alto riesgo en estos tiempos que corren) y ha planteado musicalmente una reflexión sobre sí mismo, sobre quién es y qué quiere, y la conclusión es que está aquí (lo que no es poco) y que así es ahora (saberlo no es fácil). La conclusión del aquí y el así (així en catalán) da forma al título del disco: Akixí. Un juego de palabras que comprime verbalmente un proceso reflexivo que no es sencillo y que requiere un alto grado de honestidad para ser consciente de quién se es, de qué se puede hacer y qué no y, sobre todo, de qué se quiere hacer en contraposición a lo que se hace. Así Gaspar, después de trabajar durante años en una conocida empresa telefónica, se dio cuenta de que estaba dejando de lado lo que de verdad era y quería ser: músico. Y no sólo eso, que después de años tocando para otros no se había dado la oportunidad de mirar a su interior y ver qué tenía que decir personalmente a través de la música.

Jordi Gaspar limita su arsenal instrumental al contrabajo y, sobre todo, a la guitarra acústica baja. Esta última proporciona un sonido semejante al de una guitarra acústica tradicional pero con una mayor densidad sonora, cada pulsación genera una generosa resonancia que permite al instrumentista recrearse con el tiempo, espaciarlo y dejar para más adelante la siguiente pulsación, hasta que la anterior languidece. Por eso es perfecto para el resultado final de la introspección que ha llevado a cabo y que ha resultado especialmente serena. A esa sensación de tranquilidad, de calor humano a través de la música, habrá contribuido sin duda el escenario principal de la grabación de Akixí, un hórreo gallego, un lugar para los aperos de labranza, una despensa rural a la que Gaspar llegó escapando de los gritos de sus hijos y donde encontró la acústica y el entorno inspirador propicio para desarrollar sus largos solos construidos sobre improvisaciones melódicas en los que, al modo de un impresionista pictórico, cuenta historias dejando que el tempo musical fluya sin impedimentos métricos. Es decir, Jordi Gaspar trabaja desde la más completa libertad creativa evitando imponerse objetivos concretos, ya sean estéticos o virtuosos, y permite que su inspiración se recree ajena a la realidad que necesita después de compartimentos estancos para venderse. Y así el oyente está invitado a dejarse llevar por una música que nunca sobresalta pero que, aunque amable en el resultado, necesita toda la atención del oyente y una predisposición para poder saborear los mil y un pequeños detalles que de otra manera pasarían completamente desapercibidos y nos harían escuchar no música, sino un bajo.

© Carlos Pérez Cruz


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