“Romance de Valentía” Martirio y Miguel Poveda

Trabajar con ellos fué como ir a la universidad. Los ensayos, los conciertos, los viajes, todo fué mágico. Cuando eres artista, lo eres desde que te levantas por la mañana, y eso es lo que ví: No había pruebas, en los ensayos cantaban de verdad, como si el mundo fuera a acabarse después de la hora de comer. Entonces, el ensayo iba encaminado sólo un poco a los detalles formales, lo importante era experimentar la energía y las emociones que se iban a desbordar después…

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Ahí va una crítica de un concierto en el Teatro Español de Madrid, julio de 2005.

Diario ABC Sevilla, 10/07/2005
PAREJA FELIZ
«Romance de valentía»
Voces: Martirio y Miguel Poveda. Guitarras flamencas: Raúl Rodríguez y Juan Chicuelo. Piano: Jesús Lavilla. Violín: Olvido Lanza. Contrabajo: Jordi Gaspar. Percusión: Antonio Coronel. Lugar: Teatro Español de Madrid. 07/07/2005.

Por MANUEL RÍOS RUIZ

A la canción española, ¿siempre en crisis?, le ha salido una pareja defensora y difusora con cierto tirón, la compuesta por la cancionista Martirio, tan singular y empeñada en revalidar su arte, y el joven cantaor catalán Miguel Poveda que, por ser sumamente artista de nacimiento, se ajusta al género como el guante a la mano. El resultado es un espectáculo original, en el que algunos ven reverdecer los antiguos laureles de la zambra, el pasodoble y los aires romanceros acancionados. Y la verdad es que ellos se lo pasan en grande sobre las tablas con sus interpretaciones y el público aplaude con entusiasmo, incluso de repente salta entre los asistentes un ole auténticamente espontáneo y verídico.
La función se inició con «No me quieras tanto», de Quintero, León y Quiroga, como tantas otras, canción con la que Martirio y Poveda, emparejados, ofrecieron la pauta de gran parte del programa. Y, a reglón seguido, él deleitó a la concurrencia con «Limosna de amores», «Te lo juro yo», «Maldigo tus ojos verdes» -recordando a La Paquera-, y «Vino amargo» -evocando a Farina-, por poner ejemplos de los temas más significativos de su primera intervención, junto a zambras caracoleras como «Limosna de amores». Después, Martirio aparece en escena y cantan al alimón «Dime que me quieres». A continuación, ella encantaría al respetable con «Tú eres mi marío», tan chispeante; «Ojos verdes», o con su sutil versión de «Tatuaje», uno de sus más notables logros, para volver al diálogo cancionero con «La bien pagá», «Te he de querer mientras viva» y «Contigo».
Lógicamente, un buen número de las canciones han sido arregladas por Raúl Rodríguez y Jesús Lavilla, para adaptarlas al señalado diálogo, todo un reto y un riesgo, que salvan una y otra vez. Además, Martirio luce su repertorio de matices expresivos, mientras que Poveda deja constancia de su capacidad interpretativa, injertándole a las canciones en determinados pasajes su sabor de cantaor de fuste. Y ambos, teatralizando con verdadero «araque» los argumentos, se muestran artísticamente brillantes. De modo que enhorabuena y adelante con los faroles. Todo sea por el sobrevivir de la canción española.


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